Antes de mover una pared o elegir un acabado, hay que entender qué se puede hacer con la estructura existente. En esta guía recorremos el punto de partida de cualquier intervención: la visita al inmueble, la medición real de los ambientes y el orden en que se toman las decisiones que después son difíciles de revertir.
Cada proyecto tiene su propio ritmo, pero hay un orden que conviene respetar para evitar sorpresas. Acá contamos cómo se desarrolla una intervención típica en un departamento argentino, desde la primera visita hasta la entrega de llaves.
El arquitecto visita el inmueble, toma medidas reales, verifica instalaciones existentes y detecta limitaciones estructurales. Se define el alcance posible sin tocar muros portantes ni columnas.
Se dibujan las primeras opciones de distribución, se eligen materiales según presupuesto y se cotizan tareas por rubro. El cliente recibe un desglose claro: demolición, instalaciones, revoques, pintura y carpintería.
Se seleccionan pisos, griferías, luminarias y pinturas. En esta etapa conviene visitar showrooms y pedir muestras físicas, porque el color en catálogo nunca se ve igual que en el ambiente real.
Demoliciones controladas, instalación eléctrica y sanitaria, nivelación de pisos y revoques. Es la fase más ruidosa y sucia, por eso se planifica en horarios que no molesten a los vecinos.
Colocación de pisos, pintura, montaje de carpinterías y artefactos de iluminación. Se revisan detalles como encuentros de zócalos, nivelación de puertas y sellados en baños y cocina.
Se hace una recorrida final con el cliente, se anotan detalles menores y se corrigen antes de la mudanza. La garantía cubre vicios ocultos durante los primeros meses de uso.
El orden de trabajo que seguimos en cada reforma tiene un motivo: evitar sorpresas, demoras y costos que no estaban previstos. Estos son los pasos que vas a recorrer cuando empezamos un proyecto juntos.
Primero vemos el espacio en persona. Medimos cada ambiente, revisamos instalaciones existentes y anotamos las condiciones reales de la propiedad. Con eso armamos un diagnóstico inicial sin adivinar nada.
Con los datos del relevamiento, definimos qué se puede hacer y qué conviene evitar. Te presentamos opciones de distribución, materiales y acabados con sus ventajas y limitaciones concretas para tu caso.
Armamos un cronograma realista con tiempos de ejecución, orden de tareas y momentos de aprobación. Si vivís en la propiedad, coordinamos las etapas para que el polvo y el ruido no te ganen la semana.
Durante la obra hacemos visitas periódicas, controlamos avances y resolvemos imprevistos en el momento. Recibís un informe breve después de cada etapa, sin necesidad de llamar para saber cómo va todo.
Antes de dar por terminado el trabajo, recorremos cada ambiente con una lista de control. Revisamos terminaciones, funcionamiento de instalaciones y detalles de limpieza. Recién ahí se cierra el proyecto.
Después de la entrega, quedamos disponibles para consultas sobre mantenimiento o ajustes menores. También podés pedirnos una evaluación del resultado a los pocos meses, para ver cómo se comportó el espacio en uso.